Una delicia de
caza mayor en el plato. Sin lugar a dudas es una de las piezas más codiciadas
por los amantes de la cocina de monte y montaña.
El corzo
proporciona una de las carnes más exquisitas y sabrosas de cuantas puede
ofrecer el monte al cocinero. Se disfruta, y mucho, manejando esta delicada y
jugosa carne. Siempre y cuando cuidemos el punto, va a resultar un éxito
asegurado ante cualquier comensal.
Una vez
descongelada en el frigorífico la pieza de corzo que se vaya a cocinar, se
procederá habitualmente a su adobo o marinado, aunque las mejores piezas de
carne de una canal de corzo, si han sido correctamente tratadas y manipuladas,
puedan ser consumidas sin necesidad de ello, pues el sabor "a monte"
no se manifiesta prácticamente y su gusto no resulta fuerte.
La carne de
corzo es un producto de primerísima calidad, con la que pueden realizarse todo
tipo de recetas: parrilladas, asados, guisos, patés... Algunas de ellas, sin
embargo, son más adecuadas que otras para cada pieza que se obtiene de una
canal de corzo.
Si bien los
guisos y ragouts requieren una cocción media o larga, en el caso de las
parrilladas y asados la carne debe prepararse al punto, rosada por el interior
aunque sin llegar a quedar sangrante.
La carne de
corzo aporta hierro de fácil absorción. Es baja en colesterol y grasa,
encontrando un mayor porcentaje de ácidos grasos poliinsaturados que en otro tipo
de carnes como la de vacuno. Por lo tanto, nos encontramos ante un animal rico
en sabor y con múltiples propiedades.

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