En esta ocasión
vamos a aunar sabores y texturas muy diferentes con los que conseguiremos una
tapa que sorprenderá a vuestros comensales.
Aunque
parezca decoración uno de los ingredientes más importantes de la tapa es la
sal de vino.
Hace años que
descubrí esta sal de vino y me pareció un ingrediente único para mis
preparaciones por sabor, textura y color. Podéis encontrar sal de vino
realizada con diferentes uvas, y cada una con una finalidad concreta. Cabernet
Sauvignon, Tempranillo, Shirah,…, cualquiera de ellas aportarán a vuestros
platos o tapas un punto especial que no lograréis con otras sales.
Para la
realización de esta tapa he elegido sal de Shirah porque marida muy bien con el
sabor del salmón y el queso de cabra.
La historia de
esta sal de vino la explican muy bien en Abadía de Retuerta, que aparte de
realizar unos de los mejores vinos de España nos regalan el lujo de poder
disfrutar de esta fantástica sal.
El origen de
esta sal hay que buscarlo en el puerto de Libourne. En el siglo XVII, esta
ciudad francesa era la más importante para el comercio del vino en nuestro país
vecino. Las travesías marítimas sirvieron para descubrir que la madera era un
perfecto aliado para transportar el vino aportándole además aromas y sabores. En una ocasión la sal que se transportaba en un barco se tiñó con vino derramado de uno de los toneles. Como la sal no se podía vender con este color, los marineros
prefirieron regalársela a la esposa de un famoso tabernero del puerto, Valentín
Corner, quien, para ofrecer un sello particular a su cocina, le añadió especias.
Lo dicho, un
lujo en forma de pequeños “rubíes”.