En clase de
química siempre me sorprendían los elementos que muchas veces están presentes y
sirven para multitud de experimentos. Y creo que en la cocina encontré uno hace
tiempo que reúne todas las características para ser indispensable en nuevas
creaciones. Aunque el nombre no sea todo lo “gourmet” que a muchos les gustaría
ese personaje tan especial es el “cerdo”.
“¿Cerdo?”, pues
sí. Pedazo de animal. Aunque en algunas culturas esté denostado, por diversas
razones, aquí, en España, podemos disfrutar de esa carne deliciosa, alimentada
en dehesas con nutrientes que a muchos integrantes de nuestra dieta les
gustaría catar. Por supuesto estoy hablando del cerdo ibérico. Dehesas de Extremadura,
de Andalucía, Castellanas, incluso portuguesas, que unen la excelencia del
ganado al buen hacer de mucha gente que trabaja duro día a día para ofrecernos
un producto de calidad extrema.
Y entre las
muchas piezas a disfrutar hoy volvemos a elegir un solomillo de cerdo ibérico
de la dehesa salmantina. Los aromas de la uva malvasía de un vino blanco de los
Arribes (Salamanca o Zamora) en una crema de pimientas será el acompañante
perfecto en el plato.