Llegó el otoño,
en las cocinas de muchos restaurantes y casas ya preparan los primeros pedazos
de alma de bosque y montaña. La caza mayor siempre ha sido para mí una de las
secciones estrella en mis fogones. Me entusiasma el corzo, el ciervo, el
rebeco, el gamo, el jabalí… Incluso de más allá de los Pirineos de vez en
cuando llega algún trozo de alce o reno al que, por supuesto, corto y pincho lo
mejor que puedo.
Son seres de
monte y saben a monte.
Muchas veces
tenemos que conformarnos con piezas de “cerca y establo”, no por ello menos
agradables. Hoy es fácil encontrar en muchos mercados esas carnes con muy buena
calidad.
Y como maestro
de cazuelas (y palabras) está Abraham
García. Tengo el orgullo de considerarme su aprendiz, en la distancia, en
el insigne arte de cuidar esas deliciosas carnes de caza “cazada”.
El trato que da
D. Abraham a todos sus platos es para quitarse el sombrero (el mío no el suyo).
Doctor en fogones y palabras tiene entre manos uno de los mejores restaurantes
de Madrid y de España, “Viridiana”.
Además de saborear los platos de su carta no dudéis en empaparos con las letras
de alguno de los libros por el rubricados y escritos, disfrutaréis del arte en
estado puro, y no solo entre cazuelas…
Por todo ello
mi primera entrada en el Blog acariciando pelo de caza mayor está dedicada a
tan insigne Persona y Cocinero.
Y como en la
cocina hay que aprender mucho y “copiar” de los maestros os dejo la despedida
con la que nos deleitó en uno de sus últimos encuentros digitales:
“Mirando la
carta con un mohín de asco le espetó al maître: Soy vegana extremista y no como
nada que produzca sombra. ¡Marchando una de murciélago! Gritó el de la pajarita
con indiferencia.”
Con toda mi
admiración para Abraham García.